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La Universidad es gratis en toda Alemania

Universität Heidelberg, Universität München, o Humboldt-Universität zu Berlin son apenas algunos de los ejemplos de universidades de altísimo prestigio a las cuales uno puede ir a estudiar sin pagar un solo céntimo. No es que antes fueran carísimas o inalcanzables, dado que muchas de ellas cobraban cuotas semestrales de unos 500 euros, que es menos que lo que un estudiante en una universidad norteamericana gasta en libros. Aún si este monto es bajo, la senadora de Hamburgo Dorothee Stapelfeldt expresó que esto era injusto y, moción mediante, se terminó por decretar el costo cero para estudiar en dichas notables instituciones.
 
Quizás piensen que no es tan extraño que Alemania, un país que cuenta con abundantes ingresos, tome tan generosa decisión. Pero es mucho más que una decisión económica, para demostrar prosperidad ante el mundo (de hecho, muchos países prósperos no son tan generosos), por un detalle: el país no solo abolió el pago por educación para los alemanes, sino también para los estudiantes internacionales. Si alguno anda buscando una educación de alto nivel por un precio módico, Alemania debe estar primera en su lista.
 
Habla de una clara línea política que la tierra teutona haya decidido invertir tanto fondo público en educación, para propios y ajenos. Por supuesto que hay una razón crucial para que las universidades alemanas sean o bien muy económicas o, ahora, gratuitas: no hay tanta infraestructura como en gran parte de los centros educativos del mundo occidental. En Alemania las universidades consisten de edificios con clases y bibliotecas, prescindiendo de gimnasios, de enormes campus habitacionales o de complejos destinados a la política estudiantil. Los dormitorios para estudiantes son minimalistas si los hay, y se fomenta que los estudiantes vivan en departamentos externos a la universidad, para que la experiencia educativa no sea una cápsula sino abierta al mundo circundante.
 
También la vida académica habilita la decisión: las clases en Alemania son multitudinarias, y es tarea del alumno dedicarse a lo suyo, hacerse responsable de lo que le toca. Nada de clases de 20 personas, personalizadas; el profesor enseña, los cientos de alumnos se concentran en la clase y luego de ellos depende estar al día y encargarse de preguntar por los varios canales sus dudas. Más parecido al modelo latinoamericano de universidad que al norteamericano. El alumno tiene, además, la libertad de ir a clase si lo desea y de no ir sino, y nadie le reclamará.
 
Alemania invierte grandes cantidades de los impuestos que recauda en asuntos de orden público. La educación es uno de esos asuntos. Hay, por supuesto, pequeños detalles: uno debe hablar fluidamente el alemán y uno debe mostrar compromiso con las materias a cursar y los tiempos. De no hacerlo, se corre el riesgo de quedar fuera del sistema… o de empezar a pagar. Porque no deja de ser Alemania.
 
No debemos olvidar que se trata de una república federal, que le hace honor a esa categoría. Y, si bien no es un país perfecto de ninguna manera, en educación ha dado un gran paso adelante. Y quizás no estaría mal copiar su modelo, o lo que se pueda.

Fuente; buendiario.com


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